miércoles, 11 de septiembre de 2013

Puella Magi Madoka Magica - 魔法少女まどか☆マギカ


Título original: 
 魔法少女まどか☆マギカ  Mahô Shôjo Madoka Magika
Estudio de animación: Shaft / Aniplex
Autor: Gen Urobuchi
Productor: Atsuhiro Iwakami
Director: Akiyuki Shinbo 
Diseño de personajes: Ume Aoki
Música: Yuki Kajiura
Episodios: 12 (de aprox. 25 minutos cada uno)
Género: Magical girls, fantasía, thriller psicológico, ciencia ficción


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Sinopsis (sacada de Wikipedia): Tras una extraña pesadilla, una chica de 12 años llamada Madoka Kaname y su amiga Sayaka Miki se encuentran con una extraña criatura llamada Kyubey, que les ofrece hacer un contrato por el que pueden pedir un deseo a cambio de convertirse en chicas mágicas y luchar contra las brujas, seres nacidos de la desesperación y responsables de asesinatos y suicidios. Por otro lado, una estudiante recién llegada llamada Homura Akemi está decidida a impedir que Madoka acepte la oferta. Al examinar la vida de una chica mágica, Madoka se da cuenta de que no es algo tan deseable como pensaba y que supone encontrarse constantemente con la muerte, el aislamiento y la agonía. Madoka pronto descubre el lado más oscuro de ser una chica mágica y se cuestiona si realmente debería ser una.

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Al ver el título de esta serie, su argumento y la imagen que encabeza el post, seguro que no faltará quien me mire con cara rara pensando algo así como, "y este tipo, a sus cuarenta años, ¿qué demonios hace viendo series para niñas pequeñas?"   Y para quien no tenga ni idea de qué va la cosa puede ser hasta comprensible hacerse esa pregunta. Sin embargo...  el error es más grande que nunca en esta ocasión, ya que si algo puede decirse con toda certeza una vez vista Puella Magi Madoka Magica es que es de todo menos una serie "para niñas pequeñas". 

Nada más lejos de la realidad:  se trata de una serie traidora como pocas, que tras esos diseños de personajes tan recargadamente kawaii y moe, tras ese pasteloso opening, y en general, tras su apariencia de ser "un anime de chicas mágicas más", es decir, otra historia típica de "cría de instituto conoce a mascotita parlante que le ofrece poderes mágicos para convertirse en una heroína y luchar por el amor y la justicia", oculta, condensado en apenas doce episodios, uno de los argumentos más despiadadamente crueles que seguramente nos echaremos a la cara en mucho tiempo. Lo que hacen Urobuchi y compañía es tomar uno de los géneros más representativos del anime japonés, ya más que trillado a estas alturas, y ponerlo patas arriba dándole una vuelta de tuerca oscura y transgresora que contrasta, repito, con su aparentemente tópica apariencia.  Al principio, de hecho, todo parece ir más o menos siguiendo los clichés más manidos del género, pero si nos fijamos bien ya desde los primeros momentos, incluso en el opening, hay algunos detalles que deberían escamarnos y hacernos pensar que quizás no todo va a ser lo que parece...


Las cinco chicas mágicas, de izquierda a derecha:
Kyôko Sakura, Sayaka Miki, Mami Tomoe, Homura Akemi y Madoka Kaname


Y es que, vistos los dos primeros episodios, uno podría preguntarse cosas como:  Si Kyûbey es quien da los poderes a las chicas, ¿por qué motivo Homura, que es una chica mágica, quiere matarlo? ¿Por qué además Homura desea impedir a toda costa que Madoka haga el contrato? ¿Qué implica verdaderamente hacer un contrato con Kyubey para convertirse en una Puella Magi, y cuál es el precio a pagar por ello? ¿Influye en algo el deseo que se ha pedido?  ¿Por qué las elegidas por Kyûbey para que se conviertan en chicas mágicas siempre son niñas de instituto o, todo lo más, adolescentes? Qué son las brujas en realidad? ¿Qué son exactamente las Gemas del Alma y las Semillas del Sufrimiento? ¿Quién es Homura? ¿Y quién, o mejor dicho, qué es en realidad el aparentemente inofensivo y adorable Kyûbey?  Sobre este último punto y como nota personal, yo tengo muy claro que este curioso "gatoperro" de grandes orejas, que habla sin abrir la boca, que tiene tanto interés por convertir a niñas normales en chicas mágicas y que a lo largo de toda la serie no varía de expresión facial (la sonrisa con la que le veis en la imagen es LA MISMA CARA que tiene de principio a fin), es el verdadero villano, y no las brujas. Es más, sobre todo a partir del momento en que se desvela su verdadera naturaleza y sus intenciones llega a hacerse profundamente odioso y detestable, y no sin razón... y estoy seguro de que, cuando veáis la serie, estaréis de acuerdo conmigo en este punto.


 Este es el tal Kyûbey.  ¿Te parece adorable? Acabarás odiándole a muerte, palabra...

Todas estas preguntas arriba formuladas, una tras otra, encontrarán respuesta a lo largo de los doce episodios, principalmente a partir del cuarto, puesto que el tercero se cierra de la forma más inesperada, con un terrible, violento y dramático final, de los que dejan al espectador con la boca abierta y que es el que ya definitivamente lo vuelve todo patas arriba y deja bien claro que esta no es una serie de "niñas mágicas" al uso. Y en los posteriores episodios, a medida que se van sucediendo las revelaciones sobre el mundo de las Puellae Magi y las brujas, cada una de las cuales es una bofetada aún más dura y brutal que la anterior (atentos sobre todo al episodio 10, el mejor de todos), la trama se encamina hacia un final que podría tildarse de "apoteósico" y que, desde luego, de "feliz" no tiene nada.



Sí, esta muñequita de trapo aparentemente inofensiva es una bruja. Su nombre (escrito en runas en la parte superior de la imagen) es  Charlotte, y le encantan los pasteles, los dulces, el queso y otras cosas comestibles...

 La animación es en todo momento muy buena, alcanzando por momentos cotas espectaculares de virtuosismo, como por ejemplo en el salvaje combate entre Sayaka Miki y la bruja Elsa Maria, en el séptimo episodio (no es spoiler).  Una secuencia breve pero impactante, sangrienta, soberbiamente animada, con un peculiar aspecto visual (tanto los personajes como los ataques de la bruja se muestran como siluetas negras sobre un fondo blanco)  y con una banda sonora que le da más intensidad aún.  



  La bruja Elsa Maria (la figura humana que parece estar rezando a la derecha de la imagen) en su laberinto. La silueta de la izquierda es la de Madoka Kaname.

Destacan también en general los "laberintos" o dimensiones de las brujas, a donde las Puellae Magi entran para enfrentarse a sus moradoras, y en los cuales, si uno se fija bien, hay infinidad de detalles que transmiten información acerca de la naturaleza de la propia bruja, de lo que fue o pudo ser su pasado, de qué es lo que le gusta, etc. Por ejemplo, la bruja del episodio 3, Charlotte: su laberinto tiene una decoración principalmente a base de dulces y pasteles, que son lo que más le gustan; pero en un primer momento es un decorado que recuerda más a un hospital, con salas de operaciones, jeringuillas...  y, al margen del hecho de que dicho laberinto se materializa en un hospital, eso también tiene su razón de ser, aunque en la serie no se especifica expresamente.

 La banda sonora está a cargo de la compositora japonesa Yuki Kajiura y también es altamente recomendable. El opening se titula "Connect" y está interpretado por el dúo ClariS, formado por dos chicas de secundaria; es un opening colorido, pegadizo y amable, que también forma parte de la "trampa", justamente con la intención de hacer creer al espectador en un primer momento que lo que está viendo es justo el tipo de serie que parece, a fin de que luego el impacto del posterior giro argumental resulte mayor. 

En cuanto al ending principal, el que nos encontramos a partir de ese dramático tercer episodio (porque en los dos primeros hay otro ending distinto e igualmente pasteloso) y que también aparece como tema de fondo en varias de las secuencias de combate contra las brujas, se titula "Magia", una canción de tono mucho más inquietante y oscuro, (la antítesis de la anterior, vamos, tanto por la canción en sí como por las imágenes de ambas secuencias de apertura y cierre), intepretada por el grupo Kalafina.  

Aquí os dejo con ambas canciones para que veáis la diferencia de estilos y de atmósfera de una a otra:
  


Connect (ClariS)



Magia (Kalafina)


Puella Magi Madoka Magica, o Mado☆Magi, como la llaman los fans, es, en mi modesta opinión, una de las mejores series de anime de estos últimos años, ideal para romper prejuicios y en cualquier caso muy recomendable. Como he dicho, son tan sólo doce episodios, de aproximadamente veinticinco minutos cada uno, con lo que en unas cinco horas se puede ver sin problemas la serie entera. Si sois capaces de pasar por alto su aspecto infantil y le dais una oportunidad (imprescindible ver como mínimo hasta el tercer episodio), no creo que os arrepintáis. 

Es de esas series que pueden acabar deprimiéndole a uno, eso sí. Tenedlo bien en cuenta. 


Diseño de Mami Tomoe, con su uniforme escolar.



Notas y curiosidades:


La serie se emitió en tres canales de televisión (TBS, MBS y CBC) entre el 6 de enero y el 21 de abril de 2011. El terremoto y tsunami de Tôhoku del 11 de marzo hizo que la emisión de los dos últimos episodios (el 11 y el 12) sufriera un considerable retraso.  

Al contrario de lo que suele ser habitual, la serie se creó originalmente como anime,  y tras finalizar su proyección televisiva fue adaptada al manga por la autora Hanokage. Dicho manga consta de doce episodios, al igual que el anime, cuyo argumento sigue con bastante fidelidad y con sólo algunos cambios menores.

El título en japonés es 魔法少女まどか☆マギカ Mahô Shôjo Madoka Magica. Sin embargo el título con el que se la conoce internacionalmente es Puella Magi (sí, así como lo veis, escrito en latín) Madoka Magica, aunque es una expresión que no se menciona en la serie (al menos no en la versión original en japonés). Aunque aparentemente hay un error en la declinación, la expresión está así de forma intencional y si uno la mira bien y la relaciona con el argumento de la serie, adquiere bastante sentido. No puedo decir más porque ya sería entrar en spoilers.

En el logo de la serie los kanji de la palabra mahô 魔法 (magia, hechicería, brujería) está muy simplificados hasta tal punto que se pueden confundir con los de la palabra 廃怯 haikyô, la cual podría traducirse como "indecisión, cobardía". Por lo tanto, el título de la serie podría leerse alternativamente Haikyô Shôjo Madoka Magika:  "Madoka, la chica mágica indecisa".  Esto, por supuesto, también es intencionado, y viendo el desarrollo de la serie y la forma de actuar de Madoka la mayor parte del tiempo, tiene todo el sentido del mundo.
 
Las entidades malignas contra las que luchan las protagonistas se denominan "brujas" (魔女 majo, en japonés), pero no tienen nada que ver con el sentido con el que nosotros empleamos habitualmente ese término. Lejos de ser viejas malencaradas con sombrero de pico que vuelan montadas en escobas, se trata de unos seres de muy diversas formas, más bien monstruosas y oníricas, y como mucho, vagamente humanas. Sin embargo, todas ellas tienen nombres femeninos occidentales, principalmente alemanes, franceses o italianos (Gertrud, Charlotte, Elsa Maria, Kriemhild Gretchen, Oktavia von Seckendorf...), que aparecen representados mediante una especie de alfabeto rúnico inventado específicamente para la serie.

Los laberintos o dimensiones de las brujas están formados por imágenes o motivos alusivos a su localización en el mundo real (por ejemplo en el de Charlotte, la bruja del episodio 3, que está localizado en un hospital, al principio se ven quirófanos, jeringuillas, píldoras, etc.) y también al pasado de la propia bruja (siguiendo con Charlotte, su laberinto posteriormente pasa a estar decorado con dulces y pasteles, dando a entender que a la bruja le gustan o le gustaron alguna vez). En algunos casos van mucho más allá y los laberintos muestran escenas de hechos ya ocurridos en la propia serie o relativas a otros personajes de la misma; es lo que ocurre, por ejemplo, en el laberinto de la bruja Elly en el cuarto episodio. 

Las cinco chicas mágicas protagonistas (Madoka Kaname, Homura Akemi, Mami Tomoe, Sayaka Miki y Kyoko Sakura) tienen apellidos que en japonés pueden utilizarse también como nombres propios. Y todas ellas, excepto Mami Tomoe, contienen en sus nombres y / o apellidos la letra "k". 

A diferencia de la mayoría de las series del género, cada chica mágica o Puella Magi tiene un traje completamente diferente y personalizado, siguiendo un patrón propio de colores y sin la típica apariencia de "trajes de marinerita" de instituto (aunque en su vida normal todas ellas, excepto Kyôko, visten habitualmente sus seeraa-fuku escolares).  Y también a diferencia de lo que es habitual en estas series, las protagonistas no están ligadas a ningún elemento mágico, signo del zodiaco, estrella, constelación, animal ni nada similar.

Tanto las Gemas del Alma (Soul Gems)  como las Semillas del Sufrimiento (Grief Seeds) tienen un diseño muy parecido a huevos de Fabergé. Curiosamente, en inglés (que es como se llama tanto a unas como otras en la versión original), tienen las mismas iniciales, pero invertidas:  S.G,  G.S. 

La serie transcurre en la ciudad ficticia de Mitakihara, en Japón, y parece estar ambientada en una época futurista.


 (¡OJO! CONTIENEN SPOILERS)

 Imágenes procedentes de:  Puella Magi WikiMyKawaiiLife


¡Por favor, los que hayáis visto la serie, evitad en lo posible hacer spoilers en los comentarios!

「魔法少女まどか☆マギカ」に関する記事と意見。 スペイン語だけ。



domingo, 8 de septiembre de 2013

Crónicas japonesas, parte 2: Recorriendo Tokio

Viernes, 2 de agosto de 2013.

Tras un interminable viaje, por fin Laura y yo estamos recién instalados en nuestra habitación del hotel Asia Kaikan, en Minato-Ku, Tokio, Japón. ¿Y ahora qué?  No es el momento de descansar aún, es necesario aclimatarse a las siete horas de diferencia con respecto a España y tenemos ante nosotros toda una megalópolis de 13 millones de habitantes por visitar y con muchas cosas que ofrecernos, así que... ¿a qué estamos esperando?

Así pues, ya libres de tener que cargar todo el rato con las maletas, y con el estómago lleno tras comer en un local de curry muy cercano al hotel, el primer sitio que nos disponemos a visitar en la recientemente elegida sede olímpica del 2020 es el barrio de Shinjuku, el principal centro administrativo y comercial de la ciudad. Ya al llegar comprobamos lo inmensamente grande que es su estación de trenes, una de las que mayor densidad de viajeros tiene en todo el mundo con más de 3 millones al día, y bajo la cual bulle un verdadero laberinto de tiendas, restaurantes y locales comerciales en el que es facilísimo perderse (algo que comparte con otras estaciones del país).

El rascacielos del Gobierno Metropolitano. Por alguna extraña razón, aquí es donde siempre empiezan las invasiones alienígenas y / o ataques de monstruos a Tokio...



 Vistas desde el mirador del rascacielos del Gobierno Metropolitano

Y naturalmente, una de las visitas que no podían faltar en este barrio es su famoso rascacielos del Gobierno Metropolitano, uno de los edificios más reconocibles de la ciudad, con sus 48 plantas en total y que se divide en dos torres a partir de la planta 33, en lo alto de cada una de las cuales hay sendos miradores. Nos subimos al del edificio sur (creo recordar) y desde allí pudimos contemplar las espectaculares panorámicas de la ciudad que llegan, literalmente, hasta donde alcanza la vista y más allá. No, no pudimos ver el Fuji, no sé si desde la torre a la que nos subimos era o no visible, y en cualquier caso el clima no acompañaba. Estuvimos paseando un rato por allí, disfrutando de las vistas y curioseando en las tiendas de recuerdos... y hasta nos dio la vena de cumplir con toda una frikada" como la de hacernos unas fotos Purikura en la máquina que también había allí arriba.

¿Que qué es eso de las fotos Purikura?  Básicamente viene a ser como las máquinas de fotomatón de toda la vida, con la diferencia de que las fotos que puedes hacerte en ellas son adhesivas, y además puedes decorarlas a tu gusto con fondos, corazoncitos, estrellitas y mil y una opciones entre las que el novato, incluso sabiendo japonés, puede perderse muy fácilmente, ya que son tantas que para cuando te has decidido, el tiempo, que está limitado, se te echa encima y prácticamente tienes que elegir deprisa y corriendo. O eso es lo que nos pasó a nosotros al menos. Aunque el resultado no quedó mal del todo, por mucha frikada que resulte, no deja de ser un recuerdo simpático de nuestra visita. 


Carteles de propaganda de la candidatura olímpica, ahora ya innecesarios. ¡Enhorabuena!


Y también en Shinjuku es donde, por pura casualidad, localizamos un sitio en el que pudimos cumplir con otro de nuestros planes frikis: ¡una cafetería de gatos! Porque ya teníamos claro desde antes de venir que, si encontrábamos una, la visitaríamos sí o sí, teníamos bastante curiosidad por entrar en un sitio de estos... y Laura, que (¿quizás por su condición semiélfica, que le ha dotado de una especie de sexto sentido gatuno o algo así? xD)  parece tener un radar biológico que le permite detectar cualquier presencia felina o cualquier cosa relacionada con gatos en un amplio radio de distancia incluso allá donde un ser humano normal no se daría cuenta, pronto dio con el cartel de una de estas peculiares cafeterías, la Calico Cat Cafe. Y por supuesto, al final no pudimos resistirnos a la tentación de entrar, por mucho que ya estuviéramos empezando a notar el cansancio en el cuerpo...


Podéis leer la crónica de nuestra visita en el blog de Laura, sobre lo que dice ella no tengo gran cosa que añadir, excepto un apunte a título de curiosidad. Y es que, al entrar, la chica que estaba en recepción, al ver que éramos extranjeros, al principio nos atendió en inglés... pero cuando yo le respondí en japonés no os hacéis una idea de la expresión de felicidad y alivio que se dibujó en su cara, puesto que, según me dijo, el inglés no le gustaba y no se le daba bien. Es curioso, porque muchos japoneses (no todos, como veis) suelen tener cierta reticencia a hablarle en japonés a un extranjero incluso aunque dicho extranjero conozca el idioma, y tratarán de seguir hablando en inglés (incluso a pesar de que en muchos casos se les da fatal). Quizás por la propia sorpresa de ver a un gaijin hablando su idioma, que ellos consideran extremadamente difícil de aprender, y también por la timidez y reserva que los japoneses suelen mostrar hacia los occidentales. Es algo que, si vais allí, seguramente experimentaréis también. Pero como he dicho hay de todo en todas partes, y desde luego en el caso de esta chica, al hablarle en japonés realmente vio el cielo abierto, la cara que puso no se me olvidará nunca. 

Al margen de esto, la experiencia en sí de estar en el Cat Cafe de marras es, ni más ni menos, tal como lo relata Laura en su blog. No sé si es que tuvimos mala suerte o qué, pero lo cierto es que, muy a pesar nuestro, los gatos que había allí (muchos y de todo tipo y variedad) pasaban de todo y de todos, y tratar de acariciarlos o jugar con ellos, o que al menos te hicieran algo de caso, era una tarea más bien ardua... a no ser, eso sí, que tuvieras comida para darles, porque desde luego, de tontos no tienen un pelo los mininos, no... xD

Tras seguir dando unas cuantas vueltas más por Shinjuku, al final volvimos al hotel y esta vez sí, ya para descansar, que bien merecido lo teníamos.

Un matsuri en las cercanías del rascacielos del Gobierno Metropolitano
 



Vistas de los rascacielos y las luces de Shinjuku


Otra calle de Shinjuku. Fijaos en la maraña de cables telefónicos.

 Al día siguente, 3 de agosto, por la mañana fuimos a Shibuya y estuvimos también por allí dando una vuelta, viendo la famosa estatua de Hachikô y recorriendo varios de los principales centros comerciales de la zona, entre ellos el archiconocido Shibuya 109., en el que entramos a curiosear y estuvimos de hecho un buen rato, subiendo incluso hasta la última planta. Demasiado "fashion" para mi gusto, todo hay que decirlo, aunque como visita también fue algo digno de mención.


 Un cruce de calles de Shibuya, con los grandes almacenes 109 al fondo.

 
 La famosa estatua de Hachikô, el perro más fiel del mundo. Como veis, alguien le había puesto un sombrerito
(¡no fui yo, lo juro! ¡ya estaba así cuando llegué!)

Después de Shibuya nos dirigimos a Harajuku, donde de buenas a primeras fuimos a dar con el que sería el primer templo sintoísta que visitaríamos durante nuestras dos semanas en Japón: el Meiji Jingu, que impresiona ya desde el primer momento que se ve su imponente torii de entrada y posteriormente al adentrarnos en los frondosos bosques que lo rodean. Este santuario y sus jardines son uno de los principales lugares de recreo del centro de Tokio, y desde luego, se merecen una visita bastante más calmada que la nuestra, ya que hay mucho y muy bonito que ver. Aún así estuvimos un buen rato paseando por allí, disfrutando de sus bellísimos e impresionantes jardines, y contemplando a los japoneses realizar la ceremonia de purificación y rezar a los dioses, siguiendo ese ritual que seguramente habréis visto más de una vez (lavarse las manos, echar una moneda como ofrenda, tirar de la campana y dar dos palmadas para llamar la atención del dios y formular el rezo silenciosamente, sin olvidarse de hacer un par de o-jigis (reverencias). Es curioso de ver... y sí, nosotros también lo hicimos, aunque no en ese templo, sino en otro que vimos más adelante. Eso sí, el deseo que cada uno pidió a los Kamis, por supuesto, ¡es secreto!



 Takeshita Doori, en Harajuku.


 Torii de entrada al templo. La primera foto, con un tipo raro ahí en medio estorbando...




Jardines del Meiji Jingu. ¡Preciosos y cuidadísimos! 

  En esta fuente de agua se purifica uno antes de rezar a los dioses. Que si no nos ven presentables, ¡igual no nos conceden nuestros deseos!

Tras la visita al Meiji Jingu, nos dirigimos a la famosa Takeshita-doori, una estrecha calle repleta de gente joven y jalonada a un lado y a otro por infinidad de tiendas, la mayoría de ellas de ropa, y muchas de ellas de estilo "gothic Lolita" y "Visual Kei" (que a ciertas personitas que yo me sé le habrían encantado, seguro...  me acordé mucho de ellas en ese momento ;D). Caminar por allí era algo que había que hacer a paso lento y sin prisas por la gran aglomeración de gente, pero sin duda es una experiencia más que merece la pena. ¡Además he de decir que es un gustazo poder caminar entre la multitud sin tener que estar pendiente en todo momento de tus cosas, sabiendo que nadie te va a meter la mano en el bolsillo, la mochila o el bolso a la mínima que te descuides!

 La calle Takeshita desemboca en la más elegante y refinada Omotesando, que también nos recorrimos hasta llegar al famoso edificio del Laforet (otro emblemático centro comercial de la zona) y desde allí de vuelta a la estación, para seguir nuestra visita yendo a... ¡Akihabara!




Varias imágenes de Akihabara, también conocida como "Akiba"


 Y a fe que la "meca de la cultura otaku", como la denominan en la Wikipedia, no decepciona, desde el primer momento se nota que estás allí. No hay más que ver la infinidad de tiendas de electrónica, los mega-centros recreativos, los carteles y anuncios de anime y las chicas en cosplay que se encuentra uno prácticamente a cada paso que das. Es un ambiente único que no creo que en otro sitio fuera de Japón pueda verse, y dan ganas de ponerse a hacer fotos y no parar hasta que la cámara eche humo.

Y sí, también había maids promocionando con sus voces chillonas los locales en los que trabajan, los Maid Café o bares de cosplay.  Concretamente a una de ellas me acerqué para pedirle (por supuesto en el japonés más correcto y educado que fui capaz de articular) que me dejara hacerle una foto, a lo que muy cortésmente me respondió que no era posible. Se ve que, imagino que por razones puramente comerciales, tienen prohibido dejarse hacer fotografías en la calle, así que no insistí más aunque me quedé muy con las ganas. Por cierto, por si os lo estáis preguntando... no, no entramos en ningún local de esos, aunque también habría sido una experiencia curiosa... pero es de imaginar que ya fue suficiente con el bar gatuno.

Podéis llamarme hereje si queréis, pero me fui de Akihabara sin haber comprado nada de tecnología, ni de manga, ni anime, ni videojuegos, ni nada parecido; lo único que me llevé de allí fue un adaptador de corriente para poder enchufar los cargadores. Hay tantas tiendas que para comprar algo hay que ir con las ideas muy claras y estar dispuesto a pasarse largos ratos mirando escaparates y preguntando aquí y allá, y a nosotros ya se nos había hecho de noche y apenas teníamos ganas de otra cosa que no fuera cenar (en un local de la misma Akiba) y volver al hotel, y eso es lo que hicimos. Esta primera visita, digamos que fue de tanteo, pero seguramente en otro viaje posterior dedicaré más tiempo a aprovechar lo mucho, y sin duda muy bueno, que este particular barrio tiene para ofrecer.

Siento no poner más fotos, pero es que si no no acabaría nunca... de todos modos, más adelante subiré más entradas con fotos para seguir ilustrando lo que se escape ahora, así que no os preocupéis, que aún veréis más, mucho más. De momento aquí lo dejamos, no cambiéis de Katsu-canal...  y estad muy atentos a la próxima entrada, porque la visita del dia siguiente fue muy especial para mí.

Próxima entrega: La visita al museo Ghibli

martes, 3 de septiembre de 2013

Se retira Hayao Miyazaki - 宮崎駿監督、退職



 La noticia salió ayer en gran cantidad de medios de información:  el director de cine de animación japonés Hayao Miyazaki, de 72 años, cofundador del Studio Ghibli y conocido en todo el mundo por películas como Totoro, La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, ha decidido jubilarse y no volver a dirigir películas. En su momento, tras dirigir Mononoke, ya hizo un amago de ir a retirarse del cine, pero esta vez parece que es la definitiva, y la recientemente estrenada en Japón Kaze Tachinu ("El viento se alza") será la última película de Ghibli dirigida personalmente por él.

Si realmente es así, no me sorprende lo más mínimo; sabéis bien  que soy un gran admirador de su cine y desde luego echaré de menos que siga dirigiendo películas, pero era consciente de que este día iba a llegar tarde o temprano y lo entiendo perfectamente. Si alguien se merece tomarse un descanso ese es Miyazaki, después de todas las obras maestras que nos ha regalado a los aficionados al buen cine de animación y del enorme esfuerzo que le ha supuesto llevarlas a cabo, teniendo en cuenta además que tiene una salud más bien delicada.  

Por lo demás seguro que habrá en el Studio Ghibli, y en el mundo de la animación japonesa en general, savia nueva capaz de ocupar más que dignamente el hueco tan grande que va a dejar este gran maestro. Ojito en particular a Mamoru Hosoda (Toki wo kakeru shôjo, Summer Wars, Wolf Children)  que cada vez me está gustando más.

昨日、インターネットで宮崎駿監督が退職することにしたというニュースを読みました。僕の意見ではそれは悲しいニュースですが、全然ビックリしていません。もしも退職して休むことに値するものがるのなら、やっぱり、それは宮崎先生だと思います。これから僕は宮崎先生の新作品を恋しがるだろうが、 「となりのトトロ」、「もののけ姫」、「千と千尋の神隠し」などのような名作のためには、僕の心にいつも場所があります。 

宮崎先生、お疲れ様でした。色々どうもありがとうございました。

(foto: Wikipedia)

lunes, 26 de agosto de 2013

Crónicas japonesas, parte 1: Llegando a Japón

 1 de agosto de 2013, 3 de la mañana.
 

Para mí en Madrid, para Laura en Barcelona, esa fue la hora exacta, acordada entre ambos, en la que tocaba levantarse para poner rumbo al aeropuerto y empezar nuestra aventura japonesa. Tras llegar nuestros respectivos vuelos a Roma más o menos a la hora prevista (el mío con algo de retraso), por fin llegó el momento de embarcar los dos juntos en el enorme avión de la compañía Alitalia que, doce horas después, nos dejaría en el aeropuerto de Narita

El avión en sí, impresionante, un "monstruo" de esos que uno no se explica cómo logran levantar el vuelo de lo inmensos que son. Tres filas de asientos, relativamente amplios, y equipados, todos y cada uno, con su pantallita interactiva en la que podías ver películas y series, jugar, escuchar música o consultar la información relativa al vuelo. Una manta (bastante cómoda y calentita), un cojín y unos auriculares completaban el equipamiento para cada viajero. Durante el viaje nos dieron un aperitivo, una comida-cena y un desayuno, todo ello, a pesar de ser "comida de avión", bastante rico y que llenaba lo suyo (como curiosidad, comentar que nos daban a elegir dos opciones, menú italiano y menú japonés).

El vuelo transcurrió sin incidencias, y durante esas doce horas procuramos pasar el tiempo de la manera más entretenida posible, viendo películas o tratando de dormir (algo que en esos asientos no era precisamente fácil). La parte más tediosa del trayecto sin duda alguna, es cuando se sobrevuela Rusia continental, algo que ocupa más de la mitad del vuelo y que parece que no se acaba nunca. En cambio, una vez vislumbramos en nuestras pantallas que el avión ya se encuentra sobre el Mar del Japón, el tiempo pasa mucho más rápido porque ya sabemos que queda poco, que nuestro destino ya está ahí mismo y que pronto habremos aterrizado en el país del Sol Naciente.

Al acercarnos al archipiélago japonés creí distinguir a lo lejos, entre las nubes, la cima del monte Fuji, esa misma cima a la que unos días después lograríamos subir. Este "avistamiento" y otro posterior en Hakone, igualmente tenue, fueron prácticamente las únicas veces que conseguí ver con mis propios ojos la silueta del emblemático y majestuoso volcán, que habitualmente es tímido y no se muestra con facilidad, sino que suele estar oculto entre calima y nubes. Contemplarlo tal como aparece en la mayoría de las fotografías que suelen verse del mismo es, en realidad, bastante complicado y requiere bastante suerte y poder ir en la época del año apropiada.


Y por fin, a eso de las 7 de la mañana del día 2, hora japonesa, aterrizamos en Narita sin mayor problema. Pero aún quedaba un buen trecho por delante hasta estar en nuestro hotel, ya que en el mismo aeropuerto teníamos que realizar una serie de trámites imprescindibles para nuestra estancia. El primero, que hay que hacer incluso antes de recoger el equipaje, consistió en visar nuestros pasaportes en el control de inmigración. Es el momento en que tenemos que entregar un cuestionario que previamente hemos rellenado en el avión (con nuestros datos personales y una serie de preguntas referidas a nuestro viaje, duración del mismo, motivo, etc.), del cual desprenden una hoja que fijarán en el pasaporte y que no se puede arrancar del mismo hasta la vuelta. Asimismo, una vez comprobado que todo está en regla, nos pegan en el pasaporte el sello de "Visitante temporal" que nos da derecho a estar hasta 90 días en territorio japonés, y sin el cual no podríamos de ninguna manera canjear el Japan Rail Pass.

Estas son algunas de las primeras fotos que hice en Japón, en el mismo aeropuerto:




 


Después de este trámite, tocaba recoger nuestras maletas, que afortunadamente llegaron bien (la mía con una voluminosa abolladura que me hizo temer por el contenido, aunque luego pude comprobar que no había sufrido ningún daño y mi equipaje estaba intacto), y a continuación, cambiar nuestros euros por yenes e ir a la Midori no Madoguchi (oficina de venta y reserva de billetes de la JR) del aeropuerto para canjear los Japan Rail Pass, la "llave" que tantas puertas nos abriría posteriormente. Aquí tenéis el mío, tal como está tras la vuelta, ya con todos los sellos de las reservas de trenes que hicimos durante esas dos semanas: 


Junto con el JRP nos dieron los billetes con asientos reservados para el Narita Express, el tren que nos llevaría a Tokio desde el aeropuerto. Un tren la mar de eficiente, bonito, limpio y rápido, y que sorprendentemente estaba casi vacío a pesar de que aquella mañana de jueves, día laborable, yo me esperaba encontrármelo lleno hasta los topes.  



Para esto casi no hacía falta reservar asientos, digo yo...

Desde las ventanillas del tren pudimos por fin disfrutar de nuestras primeras vistas de Japón. Ya desde el primer momento predominaba el verde por todas partes, como aperitivo de lo que íbamos a ver los sucesivos días:




Llegados a Tokio, si no recuerdo mal desde la estación de Shinjuku, una combinación de línea Yamanote (para la que es válido el JRP) y Tokyo Metro (para el que dicho pase no es válido, y por tanto hay que pagar los billetes) nos dejó en la estación de Aoyama Itchôme, desde la cual nuestro hotel estaba a unos cinco minutos andando. En otra entrada hablaré de los trenes y el metro tokiota, de momento sólo decir que son un auténtico laberinto para el no iniciado y que es facilísimo despistarse incluso sabiendo japonés y conociendo el procedimiento para comprar los tickets. A nosotros nos pasó un par de veces, aunque pudimos apañarnos para recuperar la orientación y en el fondo fueron una "aventura" más de nuestro viaje.

Y por fin, varias horas después del aterrizaje, llegamos a nuestro hotel, el Asia Kaikan  (Asia Center of Japan). Un hotel sin grandes lujos pero realmente acogedor, en el que nos dieron una habitación amplia, coqueta, cómoda y muy bien equipada (con nevera, televisión y sendos yukatas esperándonos encima de las camas), que sería la que nos acogería durante las próximas cinco noches.

Pero no era el momento de descansar aún, a pesar del agotamiento del viaje; una vez instalados había que aclimatarse al horario japonés (siete horas de diferencia con respecto a España) y tratar de minimizar los efectos del "jet-lag" en la medida que fuera posible, y para ello no había más remedio que empezar a moverse desde el primer momento y no dormir hasta la noche. Así que, tras asearnos y permitirnos tan sólo un breve descanso, nos dispusimos a patear por primera vez la inmensa, bulliciosa y colorida ciudad de Tokio. 

Pero eso ya es materia para la próxima entrada, así que me despido por ahora diciendo eso de:  "Continuará...."


Próxima entrega:   Recorriendo Tokio

domingo, 18 de agosto de 2013

Katsu y Semilau en Japón: Y se acabó... por ahora

Y recalco bien el "por ahora", al menos por lo que a mí respecta. Hace tres días que regresamos a España y, curiosamente, todo el jet-lag que no noté en la ida lo estoy sufriendo ahora, a la vuelta, no veáis lo que me está costando reaclimatarme tras haber pasado quince días en un país que está en el otro extremo del mundo, con siete horas más de diferencia, y con, entre ida y vuelta, prácticamente un día entero metido en aviones. Puede parecer que no, pero es algo que se acaba notando. Aún así firmaría volver ya mismo si fuera posible, puesto que, como no podía ser menos, estas dos semanas de estancia en Japón me han sabido a poco y me he quedado con unas ganas enormes de volver cuanto antes y de visitar todo aquello que esta vez, por falta de tiempo, se nos ha quedado en el tintero, pero ya llegará el momento.

El viaje, tal como os apunté en la entrada anterior, lo hemos rematado con dos días en Hiroshima y su cercana isla de Miyajima, en la cual hemos podido disfrutar de las comodidades y el exquisito servicio de un ryokan tradicional japonés. La mañana del día 13 la invertimos en trasladarnos a Hiroshima desde Kioto, y hasta que llegara el momento de tomar el ferry para Miyajima aún teníamos unas horitas para al menos visitar la famosa Genbaku Dome, ese edificio que en su día fue concebido como un centro de exposiciones y ferias comerciales, que con su llamativa cúpula verde se convirtió en uno de los principales emblemas de la ciudad de Hiroshima, y sobre el cual, en algún punto situado a unos 160 metros de distancia y aproximadamente seiscientos metros de altura, se encuentra el sitio exacto en el que detonó la bomba atómica Little Boy, la primera de las dos que fueron lanzadas contra Japón y que, con sus 13 kilotones de potencia (actualmente poco menos que un petardito de feria si se comparan con el abrumador poder destructivo de las cabezas nucleares actuales)  redujo la ciudad a ruinas humeantes y, entre sus efectos directos y los posteriores de la radiación, causó más de doscientas mil víctimas. Al originarse la onda expansiva prácticamente en su vertical, la estructura del edificio aguantó en pie, siendo uno de los pocos que resistieron la explosión, y desde aquel fatídico momento se ha conservado prácticamente tal cual (tras haber pasado por algunas operaciones de restauración y mantenimiento), como recordatorio de lo que sucedió.

Y he de decir que estar allí, junto al esqueleto de ese edificio, sabiendo que prácticamente encima de tu cabeza tuvo lugar una explosión nuclear hace 68 años y lo que ello significó, impresiona vivamente. Como también impresiona recorrer el Parque Memorial de la Paz, con su cenotafio a las víctimas, su monumento dedicado a los niños que perecieron en el ataque, y por supuesto, el museo conmemorativo, al que hice una breve visita. Y es que Hiroshima (junto con su compañera de sufrimientos, la no muy lejana ciudad de Nagasaki) es historia viva y el mejor recordatorio de la crueldad que es capaz de mostrar el supuestamente civilizado ser humano contra sus semejantes, y de que hay ciertos actos que nada puede justificar, ni siquiera en tiempos de guerra, que nunca deberían ocurrir y que por supuesto hay que esperar y desear de corazón que jamás se repitan.

Después de visitar Hiroshima, por fin, nos subimos al ferry que en diez minutos de travesía nos dejó en Miyajima, la isla sagrada, con su llamativo torii naranja construido directamente sobre el mar (aunque nosotros lo vimos en plena marea baja) y sus omnipresentes ciervos que campan por la ciudad a sus anchas y que no sólo no huyen de la gente, sino que como detecten a alguien con algún objeto que se les antoje mínimamente comestible, no dudan en acosarle sin piedad. Es, sin duda, de lo más curioso que he visto nunca.

De lo que hicimos en Miyajima os hablaré en una entrada más adelante, por supuesto con sus correspondientes fotos. Por ahora sólo adelantar una cosa: el ryokan, toda una experiencia que también merece ser vivida por lo menos una vez.

En breve empezaré ya con los posts más detallados y llenos de fotos, así que sólo os pido un poquito más de paciencia.

 

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