martes, 20 de noviembre de 2007

Cuentos tradicionales japoneses: La Mujer de las Nieves - 日本の昔話・雪女

Yuki Onna, por Toriyama Sekien
(imagen alojada originalmente en Wikimedia Commons)



Hace mucho tiempo, vivían solos en una lejana montaña el cazador
Mosaku y su hijo Minokichi. Mosaku era viudo, su esposa había fallecido años atrás, cuando Minokichi era aún un niño. En invierno, padre e hijo salían diariamente a cazar zorros, ciervos y osos, para vender sus pieles en la ciudad.

Cierta mañana, muy de madrugada, Mosaku y Minokichi salieron al monte, pero no lograron cazar ninguna pieza. No perdieron la esperanza y siguieron recorriendo el monte hasta que se hizo de noche, en ese momento empezó a nevar intensamente, con un viento tan frío e intenso que les impedía tenerse en pie. A duras penas lograron guarecerse en un pequeño refugio cercano.
En la modesta cabaña pudieron encender fuego, calentarse y reponer fuerzas. Mientras comían, hablaron de diversos temas, hasta que en cierto momento el padre dijo:

- Minokichi, hijo mío, yo soy viejo y tú tienes ya 20 años, y desde que murió tu madre estamos muy solos y necesitamos una mujer en casa. Deberías empezar a pensar en casarte.

Pero su hijo no le escuchaba, porque se había recostado junto al fuego y ya dormía profundamente. En vista de aquello, el padre también acabó por dormirse al cabo de no mucho tiempo, mientras fuera la tempestad de nieve seguía sin cesar.


En mitad de la noche, el fuerte ruido de la ventisca despertó a Minokichi, que al levantarse comprobó que el fuego se había apagado. Se disponía a ir a por más leña para encenderlo de nuevo, cuando de pronto vio de pie junto a la puerta a una hermosa mujer de tez blanquísima y mirada glacial.
Cuando quiso preguntarle quién era y de dónde venía, Minokichi comprobó horrorizado que no le salía la voz, como si una gran piedra le oprimiera el pecho, y que no podía moverse.

La misteriosa mujer entró en la cabaña, se acercó a Mosaku, que seguía durmiendo, se inclinó sobre él y le sopló un aire helado que le fue congelando lentamente hasta dejarle sin vida.
Minokichi, entonces, recobró las fuerzas y logró gritar pidiendo auxilio.

-¡Socorroooo! ¡La Mujer de las Nieves! ¡Auxilio, que alguien me ayude!


Entonces, la Mujer de las Nieves le dijo a Minokichi, mirándole fijamente:


- A ti, por esta vez, te perdono la vida, porque aún eres muy joven. Pero te lo advierto: no le cuentes a nadie lo que acabas de ver, porque si lo haces, te mataré.

- De acuerdo - contestó el aterrado joven -, prometo no contárselo a nadie.


Tras lo cual, la bella y misteriosa mujer desapareció dejando un torbellino de nieve a su paso.


A la mañana siguiente, Minokichi trasladó el cuerpo sin vida de su padre. Todo el pueblo acudió a los funerales, y Minokichi se sintió muy feliz por ser consolado por todas aquellas humildes gentes. Sin embargo, se sentía culpable de lo que había pasado, por haber dejado negligentemente que se apagara el fuego del hogar en una noche tan fría como aquella.
El joven estaba acostumbrado a vivir con su padre, por eso se sintió muy solo y triste al tener que seguir adelante sin él.

Pasó el tiempo, y cierto día de tormenta, alguien llamó a la puerta de Minokichi. Al abrir, vio que se trataba de una bellísima muchacha, empapada y aterida de frío, que afirmó llamarse Yuki y que le rogó que por favor le permitiera pasar allí la noche, porque iba de camino a la capital y se había perdido por culpa de la lluvia.
Al principio, Minokichi no lo veía claro, porque no disponía de una cama que ofrecerle y tampoco tenía nada de comer. Pero la muchacha insistió en que le permitiera quedarse.

- No me importa comer poco o nada, y dormiré en el suelo. Pero por favor, déjame quedarme solamente por esta noche.

Tal era la insistencia de Yuki, que Minokichi accedió a dejarle pasar la noche allí. Naturalmente, Minokichi no tardó en quedarse prendado de la hermosa y dulce muchacha, y le pidió por favor que se casara con él.

Así lo hicieron. Tuvieron muchos hijos y fueron felices durante muchos años.
Minokichi estaba muy feliz y orgulloso de su esposa, pero había algo en ella que le extrañaba. Yuki no salía nunca de casa en los días de buen tiempo o de sol. Pero en cuanto oscurecía, salía fuera con sus hijos para jugar y cantar con ellos.

Pasaron varios años. Cierta noche, Yuki estaba zurciendo un kimono, mientras fuera caía una nevada terrible, con un fuerte viento que hacía temblar la destartalada casa. Minokichi estaba recostado, contemplando a su esposa ensimismada en su labor. De pronto, le dijo:

- Qué extraño, Yuki. No pareces envejecer nunca, sigues tan guapa como el día que nos conocimos.

- Qué va, eso es lo que te parece a ti - dijo ella, sonrojándose.

- ¿Sabes? Acabo de acordarme de una cosa. Cuando era joven, una vez vi a una mujer tan guapa como tú, que además se te parecía muchísimo.


Yuki dejó el kimono y escuchó con mucha atención.


- Yo tenía veinte años entonces, y recuerdo que había salido a cazar con mi padre cuando nos sorprendió una tormenta de nieve como la que está cayendo esta noche. Nos resguardamos en un refugio, y entonces, aquella misma noche, vi a esa mujer, la Mujer de las Nieves.


En ese momento, la expresión de Yuki cambió. Su rostro se volvió pálido y su mirada fría. Se levantó y dijo a Minokichi:

- ¡Me prometiste que no se lo contarías a nadie! ¡Has roto tu promesa!


- ¡Eres tú! - exclamó entonces Minokichi, aterrorizado. - ¡Tú eres la Mujer de las Nieves!


- Sí, soy yo - contestó ella -. Y como has roto tu promesa, ya no puedo seguir existiendo en forma humana. ¡Qué lástima! Yo quería haber vivido contigo para siempre, pero ya no va a ser posible.

Mientras hablaba, Yuki ya se había convertido por completo en la Mujer de las Nieves y estaba de pie junto a la puerta.

- Te dije que te mataría si revelabas el secreto - prosiguió -, pero no puedo hacerlo. No quiero que nuestros hijos, que aún son pequeños, se queden huérfanos sin que nadie pueda cuidar de ellos. No te voy a matar, pero no volverás a verme nunca más. Espero que puedas atender bien a los niños. ¡Que tengas suerte, adiós!


Y, dejando tras de sí un torbellino de nieve, Yuki desapareció entre la ventisca.

- ¡Yuki, espera! ¡No te vayas! - gritó Minokichi.

- ¿Adónde vas, mamá? - lloriquearon los niños, que se habían despertado y se habían asomado al exterior. Sus voces se confundieron en medio del fuerte viento, mientras ella se alejaba para no volver jamás.



Notas


- La Mujer de las Nieves (雪女 Yuki Onna) es un yôkai (espíritu) característico del folklore japonés, que aparece en varias leyendas y también ha sido muy representado en diversas películas y animes. Suele ser representada como una mujer alta y hermosa, de tez muy pálida y cuerpo casi transparente, habitualmente vestida con un kimono blanco, o, según algunas versiones de la historia, a veces desnuda sobre la nieve. Avanza flotando sin dejar huellas y su mirada aterroriza a los mortales. Se dice que es el espíritu de una mujer fallecida de frío en la nieve. En muchas ocasiones se aparece a los viajeros que se encuentran atrapados en tempestades de nieve, utilizando su aliento helado para matarles.

- En las antiguas leyendas Yuki Onna era un espíritu enteramente maligno y agresivo, que entraba en las casas de los mortales y les mataba sin piedad mientras dormían. Más recientemente, las historias la muestran más humana, capaz de mostrar sentimientos, y acentuando aún más su enigmática belleza.

- El escritor irlandés de origen griego y nacionalizado japonés Lafcadio Hearn incluyó en 1903 una versión de la leyenda de Yuki Onna en su libro Kaidan (El más allá), posteriormente adaptado al cine en 1964 por Masaki Kobayashi.

Fuentes:

Cuentos y Leyendas del Japón, de Amparo Takahashi (Editorial Labor S.A., 1984)
Wikipedia: La Mujer de las Nieves
Wikipedia: Lafcadio Hearn
AbandoDataBase: El Mas Allá (Kaidan)

4 Comments:

Deka Black dijo...

tsk tsk tsk... yo diria que en estas leyendas la moraleja siempre es la misma: Si una mujer dice NO es NO.

Aparte, siempre me ha fascinado del folklore japones la cotidianeidad del "otro lado" respecto a la gente, no como aqui, que parece que sea algo a evitar a toda costa.

En cambio, la sesnsacion que me da con estas leyendas es que es como en "este lado", que hay de todo. En cualquier caso, lo siento por los niños :(

Noe_Izumi dijo...

Es un clasico :) Y precioso.

Keirana dijo...

Wiii también lo conocía ^_^

Me encantan las notas, así me entero de más cositas además de releer el cuento.

Aighash & Moreloth dijo...

Hum, hay un cómic que compramos Loth y yo hace un tiempo que va sobre una chica que se encuentran unos excursionistas en la montaña, q está totalmente desnuda. No es la misma historia... pero weno XD. Ya pondré como se llama el cómic cuando lo tenga disponible.
Porque será que me recuerda al cuento de la grulla? Creo que lo que dice Deka es bastante cierto: cuando una mujer dice que no, es q no XD.

Un saludo ^^
(Aighash)

 

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